Por Marta Luz Manríquez Morales Quiero hablar de mi pueblo, de mi pequeño pueblo, mi Traiguén. Su nombre en Mapudungún o lengua del pueblo mapuche, significa "salto o caída de agua" TRAYEN-CO. Fue fundado como fuerte militar el 2 de diciembre de 1878 en lo que habían sido las tierras del cacique Quilapán. Su fundador fue Gregorio Urrutia. Rápidamente la villa creció, los franciscanos trajeron un convento y la población civil fue en aumento. En 1903 empezó a correr por sus calles el primer tren eléctrico de Latinoamérica. Llevaba desde el molino "El globo", de propiedad de don José Bunster, su carga de trigo hasta la estación. Hoy, esa misma locomotora , que era originalmente amarilla, pero que fue teñida de gris, un color más acorde con el espíritu chileno, está frente a la estación abandonada y vacía de trenes, en su pedestal. Muda testigo de la historia , duerme allí su sueño , mientras las manos irrespetuosas de jóvenes la rayan ...
Doñita quiero contarle que también a mi el cielo me bendijo y me maldijo me dio la poesía, espada de doble filo cuando escribo a mis niños palestinos me corre la sangre entre los dedos yo tambien tengo un hijo al suyo lo mataron doñita el mío es un espiritu infantil en el cuerpo de un muchacho grande que solo quiere volar porque no cabe en si mismo´ Me da vergüenza llamarla tú usted es la mejor poetisa y mis versos son garabatos de niño. ¿nos cebamos otro mate? me gusta dulce, la vida es amarga solo el Amor la endulsa está bueno el mate Gabriela no me imaginaba tan buena moza si usted,perdón, si tu siempre dijiste que eras fea nunca llegaré a ser como tu perfecta pero como dices vaciaré el alma en mis versos ¿debe volver al Paraíso ? es claro, allí la espera su niño gracias por hablar conmigo y por los mates. no, yo no fumo cigarrillos Dios la bendiga , Gabriela otro día nos reencontramos MARTA LUZ MANRÍQUEZ
Por Lorena Ledesma (escritora argentina) Me sentaba en la plaza antes de entrar al trabajo para respirar la pureza de un momento de paz y soledad. Disfrutaba sentir la calidez del sol antes del encierro por 8 horas. Trabajaba en un hostel de Avda. de Mayo, en pleno microcentro porteño, tomaba el colectivo con la antelación necesaria como para estar muy cerca de éste una hora antes. No era un mal empleo, allí conocí a montones de turistas y ese contacto me permitió ampliar las fronteras de mi mundo con mucha facilidad. Para mí no eran sólo huéspedes, para mí eran fragmentitos del resto del mundo a mi alrededor hacerle preguntas me permitía asomarme a una ventana y contemplar a través de sus palabras el otro lado. Cuando los veía o los oía llegaban a mí aromas, paisajes y sonidos de lugares que jamás visitaré. Hasta entonces no tenía un alma nómada en sentido real, no soñaba con subirme a un avión, bus o barco y cumplir con un artificioso itinerario. Tampoco era...
Comentarios
Publicar un comentario